Y tengo tus pasos perdidos,
la cama revuelta por escalofríos.
La calle, el ruido, no alivia esta pena.
Me guardo las noches donde nos quisimos...
Me he dormido escuchando la dulzura de tu voz,
me he sentido arropada en tus abrazos y tu amor.
He encontrado un refugio para ti en mis manos,
he jurado dar mi vida si te ocurre algo,
he apostado mi corazón por tu ilusión.
Te tengo a ti...
Y llegó el día tan temido. Toca recoger y hacer la maleta. Vuelta a la rutina y a estar lejos de ti. Este mes junto a ti ha sido como un sueño. Nos tocaba disfrutar y vivir cosas nuevas, y así lo hemos hecho.
Y aquí estoy ahora, sentada en este sofá con el sol entrando por la terraza y observando cada lugar de esta casa, intentando empaparme de recuerdos, de nuestros recuerdos.
Hacía tiempo que no tenía esta sensación. Es como si mi estómago quisiera decir algo, y mis ojos lo entendieran. No quiero llorar, aunque es inevitable. Quizás es impotencia. No quiero irme, no, si no es contigo. Estoy cansada de las despedidas, y de las divisiones, de eso también.
A pesar de esto, me voy con las pilas cargadas y con más ganas de luchar que nunca. Aunque creo que el tiempo de luchar, ya ha pasado y ahora es el de la paciencia. Pero bueno ya lo dice una canción… “cuánto más largo es el camino más firmes son mis pasos”.
Cómo voy a echar de menos esos achuchones antes de irte a trabajar…